
Artículo elaborado por Leonor Yáñez Molinero
La logoterapia es una corriente de la psicología existencial desarrollada por Viktor Frankl (1905–1997). El eje central de esta corriente es el estudio del sentido de la vida y la búsqueda de sentido como principal motivación del ser humano. A partir de estos principios se adapta una perspectiva em la que la voluntad sería la fuerza primaria que impulsa la conducta humana (Frankl, 2019).
Para entender un poco mejor esta rama de la psicología, tenemos que atender a los tres pilares fundamentales por los que se guía:
- Libertad de la voluntad, la persona tiene la capacidad de elegir su actitud ante cualquier circunstancia, incluso cuando no puede cambiar la situación.
- Voluntad de sentido, todos los seres humanos tienen una motivación interna por encontrar un propósito vital que dé sentido a su vida.
- Sentido de la vida, el sentido es único para cada persona. No existe uno universal: cada individuo debe descubrir el suyo propio (Frankl, 2019).
La logoterapia es una terapia orientada al futuro. Se centra en los valores, metas y decisiones que dan dirección a la vida.
Aunque el camino esté lleno de dificultades, el objetivo es que la persona pueda dar significado a sus experiencias, incluso a las más dolorosas. De este modo, el sufrimiento puede transformarse en una oportunidad de crecimiento personal.

Si estás pasando por una situación complicada, adversa o desagradable, mediante esta terapia se trata de generar que puedas resignificar esa vivencia y consigas salir con éxito de esta.
La idea es revisitar dicha situación desde una experiencia de tránsito y transformación, en la que se pasará por sentimientos de incomodidad. La transformación pasa por poder tener una perspectiva de dicha situación desde la reflexión y darle un sentido más profundo a la misma.
Para ello, durante la intervención es importante favorecer el cambio de actitud (Pinedo, 2014)
Se hace uso de la técnica de la intención paradójica, donde la persona debe aceptar la posibilidad del sufrimiento o miedo. De este modo, se reduce de forma anticipatoria y las expectativas negativas que intensifican el malestar (Frankl, 2019).
El proceso de comprensión y cambio se facilita a través del autodistanciamiento, entendido como la capacidad de observarse a uno mismo desde una posición externa, lo que permite a la persona no identificarse plenamente con su sufrimiento.
Este proceso conduce a la autotrascendencia, definida como la orientación del ser humano hacia valores, personas o metas que van más allá de sí mismo, promoviendo la vivencia de utilidad, responsabilidad y sentido.
De este modo, el sufrimiento puede adquirir una dimensión trascendente al integrarse dentro de un marco de valores y significados que superan al individuo (Frankl, 2004; Martínez, 2007).