Manejar la desobediencia en casa

Si nos paramos a pensar en el comportamiento de los niños, hay ciertas conductas que son típicas de la edad evolutiva del niño y otras que podemos considerar patológicas. 

La desobediencia se inicia entre los 2-3 años de edad siendo normal que forme parte del desarrollo hasta los 4-5 años. Esto quiere decir que es algo muy frecuente en esas edades y durante la adolescencia. Esta desobediencia se interpretaría como “la negativa a iniciar o completar una orden realizada por otra persona en un plazo determinado” (Forehand y McMahon, 1981).

Pensando en el tratamiento e intervención de la desobediencia, previamente tenemos que tener en cuenta como se dan esas órdenes. Existen varias pautas recomendables para dar instrucciones de forma correcta, estas son:

  • Reducir el número de órdenes: dar instrucciones en exceso puede hacer el efecto contrario en el niño, que desobedezca porque no puede completar todas ellas. Se deben seleccionar las conductas que se consideren más importantes y que los padres deban reforzar (mediante elogios, premios…).
  • No acumular órdenes: dar instrucciones largas y complejas perjudica a la hora de entender lo que se está mandando, por ejemplo: “María es la hora de dormir. Termina de cenar y lávate los dientes. Ponte el pijama y a la cama”. Si cumpliera con todo y los padres le reforzaran positivamente, el niño no sabría qué es lo que ha hecho bien.
  • Evitar repetir órdenes: no repetir la misma orden sin éxito. Las instrucciones deben darse una vez y esperar en silencio entre 5 y 10 segundos supervisando la conducta del niño. Si no se inicia la conducta, se le avisa de la consecuencia que se aplicará si no obedece. Si siguiera sin obedecer, los padres deberán usar la consecuencia que se le avisó.
  • Dar órdenes breves, claras y específicas: fácilmente comprensibles, que no sean contradictorias entre sí. Evitar órdenes ambiguas como “sé buena”, “pórtate bien”, etc.
  • Dar instrucciones en positivo: es más probable que obedezca una orden formulada en positivo y que se da en un tono firme y calmado. Se debe hacer de forma asertiva y con proximidad física. Evitar el tono negativo y hostil ya que podría hacer que el niño responda hostilmente. Por ejemplo, se debería dar una orden como “Siéntate en la silla”, en vez de “No te levantes de ahí, que me tienes harto!”.
  • Dar órdenes realistas: dar órdenes que el niño pueda cumplir teniendo en cuenta sus capacidades y lo esperado según su edad. Por ejemplo, si se le diera la orden a un niño de 3 años que se mantenga callado durante 20 minutos, parece una conducta demasiado difícil de cumplir para un niño de esta edad.
  • Aplicar instrucciones en formato: Primero…luego… En la primera parte se le manda una orden, lo que debe hacer, y en la segunda parte se le comenta la recompensa que obtendrá si hace caso y realiza la conducta. Existe la posibilidad que el niño, aun sabiendo loa recompensa, se queje o proteste. En este caso, hay que mantener la orden firmemente e ignorar esas quejas.
  • Las órdenes y los reforzadores deben aplicarse consistentemente: esto quiere decir que uno de los problemas más frecuentes es la falta de acuerdo entre los padres y otros cuidadores, como los abuelos, a la hora de dar órdenes y aplicar las consecuencias si no se realizan. Consecuentemente, el niño no acata las instrucciones y se crean conflictos familiares y de pareja. Por tanto, es necesario e importante que padres y cuidadores consensuen las normas que quieren aplicar y que se refuerce para que se instaure la conducta esperada.
  • Aplicar avisos: hacer que el niño tenga disposición de obedecer a las instrucciones dándole antes un aviso u orden más sencilla. Por ejemplo, mientras el niño está pintando, se le indica que “en 5 minutos tendrás que lavarte las manos para cenar”. Con esta orden se prepara al niño para que haga la conducta esperada y reducir la resistencia a obedecer. Esto sobre todo es útil en niños de 6-7 años.

También se pueden utilizar programas de reforzamiento positivo. Un ejemplo de ello es la técnica de economía de fichas. Este programa está formado por varios pasos:

  1. Identificar y operativizar las conductas que se quiere reforzar: como por ejemplo hacer los deberes, obedecer las pautas, etc. Se debe describir correctamente la conducta que se quiere reforzar para evitar que se confunda.
  2. Conocer los reforzadores apetecibles por el niño: investigar sobre los gustos del niño para crear los reforzadores (o premios). Si por ejemplo le gusta ir al cine con los padres, entonces este sería un buen reforzador.
  3. Establecer el plan de reforzamiento y acuerdo: el niño recibirá puntos por las conductas concretas que se van a reforzar. Antes de empezar, se explica al niño qué cantidad de puntos obtendrá por cada acción, anotándolo en un papel para que lo tenga siempre a mano y la periodicidad en la que recibirá esos premios. Por ejemplo, se puede acordar que ir al cine costará 10 puntos. Si al final de la semana el niño ha conseguido esa cantidad de puntos, entonces podrá canjearlo con el premio escogido, en este caso ir al cine. Si los problemas se dan en el ámbito escolar, será necesario contar con los profesores.
  4. Aplicar el reforzador: se debe aplicar inmediatamente después de la conducta que se desea integrar. Se suelen entregar fichas, tarjetas o gomets. Si no fuera a darle el punto de forma inmediata, se debe indicar al niño cuándo lo recibirá. Los puntos obtenidos se canjearán por premios cuando corresponda. Para controlar este programa, es recomendable que el niño cuente con un registro de conducta donde pueda colocar las pegatinas o puntos.
  5. Mantener la conducta: una vez la conducta forma parte del repertorio del niño, los reforzadores se deben ir quitando progresivamente. Un ejemplo sería reducir el número de fichas que obtiene o aumentar el número necesario para conseguir el reforzador.

Para poder aplicar correctamente esta economía de fichas será necesario tener en cuenta lo siguiente:

  • Se debe comenzar con 2-3 conductas, no todas a la vez.
  • Aplicar reforzadores que estén en el entorno habitual del niño en lugar de otros menos frecuentes: halago, actividad que le guste…
  • El refuerzo material se debe acompañar de un refuerzo verbal contingente a la conducta: “estamos muy orgullosos de ti”, “te has esforzado mucho en aprobar las asignaturas pendientes”.
  • Entrenamiento en autorreforzamiento cuando el niño tenga la capacidad cognitiva suficiente para reforzarse a sí mismo por los logros conseguidos.
  • Evitar la saciedad proporcionando cantidades pequeñas de reforzador y entregarlo periódicamente.
  • El tipo intermitente es el reforzador más recomendable para mantener la conducta deseada.

Otra forma es el contrato conductual o de contingencias. Se trata de poner por escrito las conductas descritas que el menor está dispuesto a cumplir y las consecuencias que se derivarían si no las hace. Se emplea sobre todo en adolescentes y tiene 5 pasos:

  1. Seleccionar el objetivo que se quiere alcanzar: eliminar el consumo de tabaco, aprobar las asignaturas del curso…
  2. Identificar los reforzadores: si cumple el objetivo obtendrá un juego que desea o podrá ir al parque de atracciones, por ejemplo. Las contingencias que se aplicarán siempre serán positivas. También será necesario tener algunas negativas por si no cumpliera la orden.
  3. Negociar los términos del contrato: poner por escrito qué sucede si cumple el objetivo (contraprestación) y qué pasará si no lo hace (penalización). Se pueden revisar los términos del contrato si se ve necesario, normalmente cuando vence o en el periodo indicado para la revisión.
  4. Redactar y firmar el contrato por ambas partes y tener una copia.
  5. Evaluar y aplicar las contingencias: una vez ha sido evaluado el cumplimiento del contrato, se aplican las contingencias. Cuando sea posible, las contingencias positivas (premio conseguido) se darán periódicamente, en vez de una sola y a largo plazo. Para el mantenimiento de la conducta a largo plazo, es importante que se refuerce también la iniciativa del menor, no solo una conducta.

Si, por el contrario, se quiere eliminar una conducta no deseada, se pueden aplicar otras técnicas como el coste de respuesta o la extinción. La primera se emplea junto al sistema de economía de fichas para reducir o eliminar esa conducta antisocial (gritar, romper objetos, etc.).  Cada vez que el niño muestre la conducta que se quiere eliminar, perderá puntos o fichas que haya ganado, o perderá el privilegio que tenía hasta el momento. Sería como una penalización o multa.

En cambio, la extinción vendría a ser la retirada de los reforzadores que se aplican a la conducta que se quiere eliminar. Por ejemplo, eliminar la atención que se presta a las demandas insistentes de su hijo. Esto se traduce en ignorar al niño si tiene rabietas. Si se aplica consistentemente y de forma adecuada, el niño aprende que actuando de ese modo no conseguirá la atención de sus padres. La atención de los padres sería un refuerzo positivo, porque es lo que quiere conseguir. Por consiguiente, la frecuencia en la que ocurre la conducta problema irá reduciendo poco a poco hasta que se elimine por sí misma. Esto es muy efectivo para eliminar o reducir los problemas cotidianos de comportamiento. Pero para que sea eficaz, es necesario tener en cuenta que cuando se empieza a aplicar, la conducta problema puede aumentar en frecuencia e intensidad, por lo que es importante que los padres se mantengan firmes ignorando las conductas no deseables para poder conseguir el resultado esperado. También se debe aplicar consistentemente, es decir, siempre, para mantener el efecto y resultado, o complementar con el refuerzo de la conducta contraria a la que se quiere eliminar como, por ejemplo, se busca eliminar la baja participación en clase, entonces se refuerza que el alumno participe en el aula. La conducta contraria a no participar, es participar.

Estas son solo algunas de las pautas o técnicas que se pueden emplear. Si se aplican de forma correcta y consistente en el tiempo su beneficio será máximo y se podrá tener una conciliación entre padres e hijos, derivando así, en un ambiente familiar más tranquilo y acogedor.

Si sientes que las conductas desobedientes de tu hijo están generando un malestar importante en casa o te resulta difícil manejarlas de forma adecuada, te animamos a contactar con nosotros en el 918 261 784. En la Asociación Nacional de Psicólogos en Acción de España, podemos ayudarte.

Fuentes bibliográficas

Morales, A. & Orgilés, M. (s.f.). Problemas de conducta en la infancia y la adolescencia. Universidad Miguel Hernández (UMH).

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