Las normas son una sugerencia de cambio de comportamiento que implican unas consecuencias positivas en caso de cumplimiento y unas negativas en caso de incumplimiento. En este sentido, se hace referencia al carácter preventivo de las mismas. Asimismo, las normas regulan comportamientos que se deben mantener y otros a extinguir.
1. Mantener el control emocional
Para implantar unas normas se requiere de un espacio de reflexión, siendo necesario un estado de tranquilidad y calma, por parte de los padres, para garantizar el éxito de estas. Se debe evitar normativizar comportamientos cuando el problema acaba de suceder o cuando se está muy afectado por el mismo, ya que los padres pondrán normas excesivamente rígidas o tenderán a normativizar comportamientos de modo innecesario. Esto puede contribuir a que después se “levante la norma” o se flexibilice, de modo que los hijos aprenderán que la palabra de los padres no tiene valor en algunos momentos. Por tanto, es más conveniente retrasar la puesta en marcha de la norma que hacerlo en unas condiciones inadecuadas.
2. Evaluar el comportamiento que se quiere normativizar
- ¿Qué normas son imprescindibles?
Estas deben ser pocas y muy claras, además de innegociables. Estas normas son las que han de transmitir los valores que la familia quiere promover. - ¿Es adecuada para la edad del hijo?
Por un lado, habrá que observar si el hijo tiene las suficientes habilidades para cumplirla y, por otro, si está adaptada a su momento evolutivo (por ejemplo, seguir manteniendo la norma de «a las 22:00 en casa» si el hijo tiene 17 años puede ser una norma que se replantee puesto que quizá ya caducó). - ¿Es un comportamiento que tiene serias repercusiones a largo plazo?
Por ejemplo, si se considera que un hijo ha tenido un sustancial descenso en su rendimiento escolar, los padres deben mantener la calma y evaluar la situación del hijo, valorando si es necesario realizar una intervención o si sólo con algunas pautas o sugerencias es suficiente.
Sin embargo, si ese bajo rendimiento se mantiene, es bastante probable que sea necesario establecer normas que faciliten la adquisición de los hábitos y búsqueda conjunta de alternativas para resolver el problema. - ¿Este problema repercute en la convivencia familiar?
Si la respuesta es afirmativa es necesario que la conducta se normative, ya que, si se convierte en hábito, puede tener una repercusión directa sobre la organización familiar y sobre el respeto de los objetos comunes. - ¿Es necesario una norma o basta con una sugerencia?
A veces los padres tienden a poner normas que con un simple comentario oportuno surten los efectos deseados sin necesidad de darles la categoría de norma. Esto facilita la adquisición de la autoestima, por parte de los hijos, y hace más cómoda y flexible la relación familiar. - ¿Existen otras alternativas para cambiar el comportamiento?
A veces la respuesta se encuentra pensando en otras soluciones o simplemente escuchando a los hijos el por qué de su comportamiento.
Estas alternativas podrían ser:
– La reflexión, en caso de que los hijos sean mayores.
– Reforzar comportamientos alternativos al que se quiere cambiar.
– Utilizar el castigo de forma adecuada.
3. Pensar en la norma
Si ya se ha evaluado la necesidad, es imprescindible que ambos padres estén de acuerdo o la norma fracasará. Para garantizar la comprensión de las normas que se pautan, es necesario que los padres analicen conjuntamente el comportamiento que se quiere implantar:
- QUÉ comportamiento
- CÓMO se debe efectuar
- CUÁNDO se debe hacer, cuándo empieza el vigor.
- DÓNDE se debe poner en marcha la conducta
- CONSECUENCIAS DEL CUMPLIMIENTO/INCUMPLIMIENTO
4. Comunicar la norma
Se debe buscar un momento adecuado para hablar con ellos, facilitando el diálogo distendido y flexibles con respecto a las modificaciones que planteen. Es necesario explicar por qué es imprescindible esa norma y las consecuencias positivas que se derivan de su cumplimiento. Esto contribuirá a aumentar la motivación del hijo para su cumplimiento, a la vez que facilitará la convivencia familiar. Una vez comunicada la norma, los padres se interesarán por conocer y anticipar, conjuntamente con el hijo, las posibles dificultades que se pueden presentar. Será necesario ajustar las consecuencias positivas y negativas que se habían pensado con anterioridad.
5. Puesta en marcha
Es importante que la aplicación de las consecuencias sea inmediata y que se preste ayuda a las dificultades imprevistas que puedan surgir. Es el momento de mantenerse firmes pero colaboradores, animando el cumplimiento y destacando los avances y éxitos.
Revisión de las normas
La asunción de las normas y su cumplimiento por parte de los hijos requiere la concesión de un margen de tiempo. Para evaluar si la norma es aún vigente o si ya es inadecuada para el momento evolutivo de los hijos, se tendrán en cuenta tres cuestiones:
- Si el comportamiento se ha conseguido de modo estable, se felicitará al hijo por el cumplimiento.
- Si el comportamiento no evoluciona favorablemente, se volverá a tratar el asunto con el hijo, para ver más detenidamente las dificultades. Si es necesario se endurecerán las consecuencias negativas, a la vez que se buscan consecuencias positivas más atractivas o motivadoras.
- Si después de haber utilizado las dos estrategias anteriores el hijo persiste en su actitud negativa, se utilizará el castigo.
El castigo puede ser útil como medida de cambio y su efecto es rápido sobre la conducta inadecuada. Se puede utilizar el castigo siempre y cuando:
- El castigo no sea el método exclusivo para el aprendizaje de las normas.
- No implique humillación ni descalificación.
Cuando se lleve a cabo se debe:
- Concretar con exactitud el motivo por el que se castiga.
- Aplicar lo más inmediato posible a la aparición de la conducta inadecuada.
- Elegir un castigo proporcional a la magnitud del comportamiento problema.
- Elegir en función del momento evolutivo del hijo.
- Elegir un castigo que realmente suponga unas consecuencias negativas.

Si sientes que establecer normas en casa está generando tensión o no está dando los resultados esperados, te animamos a contactar con nosotros en el 918 261 784. En la Asociación Nacional de Psicólogos en Acción de España, podemos ayudarte.